No añoro los días de correteo y aventura, no; rodeo mis recuerdos como un perro que busca un hueso enterrado, se donde dejé lo que dejé, pero busco sin querer encontrar.
Por eso siento compasión por el bueno de Pedro Sarten, porque el está condenado a ser eternamente joven, que desastre, a derrochar su experiencia en el malabar de una travesura que nunca se acaba, sin saber que buena parte de la gracia está en exagerar los hechos, en recomponerlos con los años, a perfeccionarlos en la memoria.
No se lo digan a Garfio, se detendría en medio de la refriega para recomendarle al muchachito un psiquiatra, uno de esos del mundo de nunca jamas.

2 comentarios:
Recuerde Capitán, que no era sólo exagerar los hechos, sino dejar una mentira intercambiable entre toda la verdad.
Pobre Pedro, tendra la eterna envidia por los que usan bigotes, se dejan las patillas y conocen el amor mas alla de la autocomplacencia. Un infierno eterno: el juego como escape o como parche para no sufrir.
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